Frases con efecto retardado
Mis amigos dicen que “me como el coco”, que no hace falta
darle tantas vueltas a las cosas, pero cuando escribo, reconozco que me gusta
dejar las historias abierta a la reflexión, pensando que pueda contener alguna
de esas frases mágicas, que al pasar unas horas, te hacen reflexionar. Me
refiero a esas frases de efecto
retardado.
Tengo una pareja de amigos muy curiosos: ella es muy parlanchina, tanto, que creo que cuando se encuentra con mi esposa, deben de batir todos los record de cosas dichas por minuto. Él es mas
callado, es de aquellos que cuando suelta alguna ¡cuidado!,
estate preparado, porque, a veces, lo que dice está tan concentrado que tardas en
digerirlo: Todo serio, lanza
una broma (suele tener un humor muy irónico), de la que casi nadie se entera. Él ni se inmuta, ni intenta hacer ver que ha hecho la broma, pero los que lo
conocemos, ya empezamos a darle vueltas, y acaba siendo genial…Esas frases que
perduran, porque son las que te hacen pensar.
Los sábados por la mañana nos encontramos en la piscina mi
mujer, nuestra amiga y yo. No solo para nadar, sino que también para charlar en un rincón del
jacuzzi. No sé que tendrá el agua, que hace que todo fluya de otra manera,
convirtiéndose en un momento mágico. Charlamos, nos explicamos historias, vivencias, y pasamos
un rato muy agradable.
Esta historia no me pertenece. Ni siquiera pertenece a mi amiga, ya que a ella también se la explicaron, pero me gustó, y produjo ese efecto de retardo que tanto me fascina:
Esta historia no me pertenece. Ni siquiera pertenece a mi amiga, ya que a ella también se la explicaron, pero me gustó, y produjo ese efecto de retardo que tanto me fascina:
Se trataba de una
empresa de esas de toda la vida, de las que pasaban de padres a hijos, y ya
habían transcurrido varias generaciones.
Cuando alguien se
jubilaba, tenía la costumbre de regalarle un reloj como reconocimiento a su
larga trayectoria.
Al Sr. José García (Pito
para los amigos) hoy le había llegado la hora de la entrega del famoso reloj
homenaje. Se había puesto sus mejores galas, se cepilló los zapatos a
conciencia, y pasó varios minutos ajustándose la corbata.
Se presentó en la
puerta del imponente edificio, con su mujer, que se esperó en la recepción. Habían
decidido que luego se irían a dar un paseo por las Ramblas. Querían hablar de
la nueva vida que ese día empezaba
En la
séptima planta le esperaba el director general –el Sr. Ramírez - , en su amplio
despacho, sentado ante aquella gran mesa de roble, que había pertenecido a su
abuelo.
Entra en la sala
Elisa, la secretaria del Sr. Ramírez
-
Sr.
Ramírez, aquí tiene el historial del Sr. García, viene ahora a las 12 para que
le haga la entrega del reloj homenaje de jubilación
-
Gracias…me
lo leo, y le aviso enseguida.
Al cabo de 10 minutos,
ya tocadas las 12
-
Elisa,
haga pasar al Sr. García por favor
Pito caminaba con
pasos cortos. Realmente era imponente aquel despacho
-
Sr. García…Pito
si me lo permite – mirando el folio que le habían entregado - Veo en su historial que entro en esta empresa
cuando era un chaval, tenía 20 años, y ha pasado aquí toda una vida.
Metió el folio en un portafolios, y poniendo las manos cruzadas sobre
la mesa, y con una suave sonrisa
-
Usted
conoció a mi padre, y ha visto crecer esta empresa. Ha visto como las nuevas
maquinas nos han ido renovando y nos han hecho crecer, pero quiero decirle que
esta empresa no sería lo que es, si no fuese por gente como Usted, que han
estado siempre ahí, al pie del cañón. Por eso, tengo la satisfacción de darle
este reloj, como muestra de agradecimiento a tan larga trayectoria.
-
Gracias Sr. Ramírez, si me lo permite yo
también querría decirle unas palabras…
Saca del bolsillo de
la americana un papel doblado
milimétricamente, escrito a mano, con esa letra inglesa de caligrafía que ya no se lleva. Se puso
unas gafas que saco del otro bolsillo, y con las gafas a media nariz empezó a
leer
-
Cuando
entre, hace 45 años, estaba de encargado el Sr. Julián, de él aprendí mucho, y
siempre me trato con mucho respeto. Después de que se jubilase tuve al Sr.
Moreno: este duró poco, lo trasladaron a la fábrica de Sevilla. Luego tuve al
Sr. Gómez…Antonio, este fue el mejor…a pesar de la entrada de nuevas maquinas y
la crisis que vino después, todos trabajamos muy a gusto y conseguimos tirar
para adelante. Aquel hombre siempre nos animaba…era un hombre muy positivo…
Y así fue recordando
las diferentes etapas de su historia, y recordando a los encargados que había
tenido. Cuando acabo este pequeño discurso, doblo el papel cuidadosamente, se
quito las gafas, y mirando al Sr. Ramírez a los ojos:
-
¿Me
permitiría que le dijese una cosa?
-
Por
supuesto, dígame…
-
Todo este
tiempo he estado muy bien en esta empresa…Sí… pero ¿sabe una cosa?
-
Usted me
dirá
-
Nunca me
preguntaron que me parecía mi trabajo…y yo…¡yo tenía muchas ideas!
El Sr. Ramírez y la secretaria se miraron con cara de circunstancia…Pito
con su mejor sonrisa quiso romper aquel silencio y quitarle hierro a sus
palabras. No quería que se llevasen un mal recuerdo de él
-
Sr. Ramírez,
ha sido un placer trabajar para su padre y después para Usted…esta empresa es
una gran empresa. Gracias por el reloj
El Sr. Ramírez le extendió la mano, y le dio un fuerte apretón con las
dos manos
-
Gracias,
Pito
Igual que las bromas de efecto retardado de mi amigo, al Sr. Ramírez le estaban surgiendo los efectos de las frases
de Pito. Aquella noche no podía dormir… Le venían aquellas palabras una y otra vez, y no podía borrar de su mente
la expresión de cara de aquel hombre. Se preguntaba: ¿Cuantas buenas ideas se quedan por el camino, porque no nos dignamos a preguntar?
Atentamente
Jose Antonio Mata