martes, 27 de septiembre de 2011

Frases con efecto retardado



Frases con efecto retardado

Mis amigos dicen que “me como el coco”, que no hace falta darle tantas vueltas a las cosas, pero cuando escribo, reconozco que me gusta dejar las historias abierta a la reflexión, pensando que pueda contener alguna de esas frases mágicas, que al pasar unas horas, te hacen reflexionar. Me refiero a esas frases de efecto retardado. 
Tengo una pareja de amigos muy curiosos: ella es muy parlanchina, tanto, que creo que cuando se encuentra con mi esposa, deben de batir todos los record de cosas dichas por minuto. Él es mas callado, es de aquellos que cuando suelta alguna ¡cuidado!, estate preparado, porque, a veces, lo que dice está tan concentrado que tardas en digerirlo: Todo serio,  lanza una broma (suele tener un humor muy irónico), de la que casi nadie se entera. Él ni se inmuta, ni intenta hacer ver que ha hecho la broma, pero los que lo conocemos, ya empezamos a darle vueltas, y acaba siendo genial…Esas frases que perduran, porque son las que te hacen pensar.
Los sábados por la mañana nos encontramos en la piscina mi mujer, nuestra amiga y yo. No solo para nadar, sino que también para charlar en un rincón del jacuzzi. No sé que tendrá el agua, que hace que todo fluya de otra manera, convirtiéndose en un momento mágico. Charlamos,  nos explicamos historias, vivencias, y pasamos un rato muy agradable.

Esta historia no me pertenece. Ni siquiera pertenece a mi amiga, ya que a ella también se la explicaron, pero me gustó, y produjo ese efecto de retardo que tanto me fascina:
Se trataba de una empresa de esas de toda la vida, de las que pasaban de padres a hijos, y ya habían transcurrido varias generaciones.
Cuando alguien se jubilaba, tenía la costumbre de regalarle un reloj como reconocimiento a su larga trayectoria.
Al Sr. José García (Pito para los amigos) hoy le había llegado la hora de la entrega del famoso reloj homenaje. Se había puesto sus mejores galas, se cepilló los zapatos a conciencia, y pasó varios minutos ajustándose la corbata.
Se presentó en la puerta del imponente edificio, con su mujer, que se esperó en la recepción. Habían decidido que luego se irían a dar un paseo por las Ramblas. Querían hablar de la nueva vida que ese día empezaba
En la séptima planta le esperaba el director general –el Sr. Ramírez - , en su amplio despacho, sentado ante  aquella  gran mesa de roble, que había pertenecido a su abuelo.
Entra en la sala Elisa, la secretaria del Sr. Ramírez
-          Sr. Ramírez, aquí tiene el historial del Sr. García, viene ahora a las 12 para que le haga la entrega del reloj homenaje de jubilación
-          Gracias…me lo leo, y le aviso enseguida.
Al cabo de 10 minutos, ya tocadas las 12
-          Elisa, haga pasar al Sr. García por favor
Pito caminaba con pasos cortos. Realmente era imponente aquel despacho
-          Sr. García…Pito si me lo permite – mirando el folio que le habían entregado -  Veo en su historial que entro en esta empresa cuando era un chaval, tenía 20 años, y ha pasado aquí toda una vida.
Metió el folio en un portafolios, y poniendo las manos cruzadas sobre la mesa, y con una suave sonrisa
-          Usted conoció a mi padre, y ha visto crecer esta empresa. Ha visto como las nuevas maquinas nos han ido renovando y nos han hecho crecer, pero quiero decirle que esta empresa no sería lo que es, si no fuese por gente como Usted, que han estado siempre ahí, al pie del cañón. Por eso, tengo la satisfacción de darle este reloj, como muestra de agradecimiento a tan larga trayectoria.
-           Gracias Sr. Ramírez, si me lo permite yo también querría decirle unas palabras…
Saca del bolsillo de la americana un papel  doblado milimétricamente, escrito a mano, con esa letra inglesa de caligrafía que ya no se lleva. Se puso unas gafas que saco del otro bolsillo, y con las gafas a media nariz empezó a leer
-          Cuando entre, hace 45 años, estaba de encargado el Sr. Julián, de él aprendí mucho, y siempre me trato con mucho respeto. Después de que se jubilase tuve al Sr. Moreno: este duró poco, lo trasladaron a la fábrica de Sevilla. Luego tuve al Sr. Gómez…Antonio, este fue el mejor…a pesar de la entrada de nuevas maquinas y la crisis que vino después, todos trabajamos muy a gusto y conseguimos tirar para adelante. Aquel hombre siempre nos animaba…era un hombre muy positivo…
Y así fue recordando las diferentes etapas de su historia, y recordando a los encargados que había tenido. Cuando acabo este pequeño discurso, doblo el papel cuidadosamente, se quito las gafas, y mirando al Sr. Ramírez a los ojos:
-          ¿Me permitiría que le dijese una cosa?
-          Por supuesto, dígame…
-          Todo este tiempo he estado muy bien en esta empresa…Sí… pero ¿sabe una cosa?
-          Usted me dirá
-          Nunca me preguntaron que me parecía mi trabajo…y yo…¡yo tenía muchas ideas!
El Sr. Ramírez y la secretaria se miraron con cara de circunstancia…Pito con su mejor sonrisa quiso romper aquel silencio y quitarle hierro a sus palabras. No quería que se llevasen un mal recuerdo de él
-          Sr. Ramírez, ha sido un placer trabajar para su padre y después para Usted…esta empresa es una gran empresa. Gracias por el reloj
El Sr. Ramírez le extendió la mano, y le dio un fuerte apretón con las dos manos
-          Gracias, Pito

Igual que las bromas de efecto retardado de mi amigo, al Sr. Ramírez le  estaban surgiendo los efectos de las frases de Pito. Aquella noche no podía dormir… Le venían aquellas palabras  una y otra vez, y no podía borrar de su mente la expresión de cara de aquel hombre. Se preguntaba: ¿Cuantas buenas ideas se quedan por el camino, porque no nos dignamos a preguntar?


Atentamente
Jose Antonio Mata

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